Esta película transcurre en La Habana, Cuba, pero podría transcurrir, por poner dos ejemplos, en el DF de México, con todo el drama del narcotráfico y el asesinato de mujeres, o en Bruselas, con la pacífica pero persistente animadversión entre flamencos y valones. Porque
“Juan de los muertos”, de Alejandro Brugués, se alimenta de un contexto en conflicto.
Y, claro, su emplazamiento cubano invita a realizar una lectura socialmente condicionada del film (incluso explicitada dentro de la película, puesto que la primera reacción del gobierno es deducir que es un virus soltado sobre la ciudad por los Estados Unidos), que, eso sí, no está cerrada a una sola interpretación, y tanto se puede entender como una venganza de disidentes asesinados como de extremos afines a un régimen que, al languidecer sus principios, ve rebotarse al monstruo que ha creado. Siendo, de todas formas (y lo que importa), los vivos y neutrales que han de ganarse el pan día a día los que sufren las consecuencias. En ese sentido, la película encuentra su momento más revelador cuando Juan, indiferente ante los zombis, se queja de que, cuando la situación empieza a mejorar, sea por unos, por otros, o por estos el país nunca logra salir de su hoyo, y uno siempre las ha de estar pasando canutas.
Pero este hecho no deja sino patente lo trivial y accesorio del argumento en si del film, una historia que, no por millones de veces vista (un grupo de personas ayudándose mútuamente para sobrevivir a una amenaza externa) y aquí tratada humorísticamente, merece tanto desinterés en aportar detalles singulares e intentar mantener la tensión inicial del relato hasta el final, y que alcanza su momento más bajo en el supuestamente emotivo desarrollo de la relación entre Juan y su hija, que, sencillamente, provoca vergüenza ajena.
A nivel visual, Brugués ha logrado sacar provecho del presupuesto disponible, no tanto por el tratamiento estético de los muertos vivientes y sus ataques como por impactantes escenas concretas, como la de la horda de zombis persiguiendo a la gente por el Malecón, el paisaje post-apocalíptico en el Capitolio, o la masiva huida de la isla en balsa de los superivivientes. Tampoco tiene reparos a la hora de mentar con guiños concretos a sus referentes cinematográficos, pues encontramos un plano 100% Tarantino (el contrapicado desde dentro del container) y un -no precisamente momentáneo- homenaje narrativo a “Zombi” (1978) de George A. Romero (tanto el atrincheramiento en un edificio como esos ataques a los zombis de la calle desde la azotea o la huida en coche).
Es, pues, “Juan de los muertos” una aceptable película que, esperemos, sirva de antecedente y punto de partida para venideras cintas cubanas del género fantástico que sepan no caer en sus errores.
